Sobre querer ser perfectos.
- Angela Carrero
- 22 ago 2024
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 24 ago 2024

Hace poco construí una visión de Dios, que sin ánimo de ser irreverente o invalidar la versión perfecta y todopoderosa que tienen muchas personas, yo tuve que abrazar, y al abrazarla me permití volver a buscarlo.
Surgió luego de una conversación que fue algo como:
- Angela, esa mujer que esperas ver en ti en un futuro, es una mujer inmaculada, sin mancha y con todo bajo su control y poder, ¿Cómo te hará sentir esa mujer?, ¿Quién la ama?”, a lo que yo respondí:
- “No lo sé, pero lo tengo pendiente, quizás porque creo que el propósito de Dios es ayudarme a convertirme en ella”, y me devolvió:
- ¿Sabías que la espiritualidad es la búsqueda de Uno? Y si Uno está en ti, y tú estás en Uno, eso significa que tú también eres Uno, un pedacito de Uno que es Dios, ¿No crees que descubres un poco de Dios, cuando descubres cosas de ti?
Cuando estuve a solas, empecé a buscar todas las cosas buenas que hay en mí, porque creo que Dios es bueno y que cada cosa que esté en mí y pueda ser considerada buena, proviene de Él, y debería estar en Él. Pero entonces, empecé a pensar en un Dios perfecto, y vi que a un Dios perfecto no le puedo atribuir todo lo bueno que hay en mí y en quienes amo, porque de alguna manera relaciono lo perfecto con lo impecable e implacable, pero… si Dios era así, ¿Dónde quedaba su sentido del humor? ¿El humor era malo? ¿Son malas las fuentes del humor?: la torpeza, el ridículo, la sorpresa, la vulnerabilidad, incluso la desgracia (la pequeñita, de la que se puede volver a poner en pie el desgraciado).
Oré y le pregunté:
- ¿De dónde viene la risa? ¿Es tuya? ¿Te ríes? Y… ¿Será que, si me vuelvo una mujer inmaculada, me reiré? ¿Me reiré de mí y con quienes me río ahora? ¿Los haré reír?
Es que amo verlos reír y amo que me duela la panza de reírme.
Fue entonces, que entendí que yo no amo a esa mujer inmaculada o perfecta, ni la aman quienes ríen conmigo. Ni tampoco podría ser una exigencia de Dios para amarme, porque yo creo que Él, como mi papá, se siente feliz cuando ve cosas de sí mismo en mí, cuando ve que me parezco a Él.
¿Cuántos no hemos visto esa alegría en nuestros padres cuando observan un pedacito de sí mismos en nosotros?
Yo creo que Dios, se goza al ver que practico y disfruto de lo bueno, de lo suyo, y que al hacerlo, estoy bien y hago bien a quienes me rodean.
Entonces concluí, que yo creo en un Dios bueno, pero no en un Dios perfecto, o al menos, que mientras entienda esta palabra de otra manera, no lo volveré a llamar así.
Ojalá y usted, conozca un Dios bueno, no uno perfecto. Es increíble, te hace reír.
Amén.



Comentarios